El presupuesto: una oferta, no un compromiso
Un presupuesto es una propuesta. Le dices al cliente cuánto cobrarás si acepta unas condiciones determinadas. Mientras el cliente no lo acepta formalmente, no hay acuerdo. Y aunque lo acepte verbalmente, sigue siendo difuso: ¿qué incluía exactamente? ¿Qué plazos? ¿Qué pasa si hay imprevistos?
El contrato: aquí empieza el compromiso real
Un contrato es un acuerdo vinculante entre dos partes. Incluye el alcance del trabajo, el precio, los plazos, las condiciones de pago, qué pasa si hay cambios y cómo se resuelven los conflictos. Una vez firmado, las dos partes están obligadas a cumplir lo acordado. Si alguien no cumple, hay consecuencias.
El error más habitual
Mandar un presupuesto por WhatsApp o email y empezar a trabajar cuando el cliente dice «adelante». Eso no es un contrato. Es una aceptación informal que no detalla nada. Si después el cliente dice que el precio era diferente, que no habías incluido cierta cosa o que el plazo era otro, no tienes nada sólido para defenderte.
¿Cuándo necesitas contrato sí o sí?
Siempre que el trabajo supere unas pocas horas o implique material, necesitas contrato. Y especialmente cuando el cliente no es alguien de confianza probada, hay un anticipo de por medio, el trabajo se hace en varias fases, hay posibilidad de cambios o ampliaciones, o el importe es significativo para ti.
Cómo pasar de presupuesto a contrato sin complicarte
No hace falta redactar un documento legal de 20 páginas. Un buen contrato puede ser sencillo: descripción del trabajo, precio, forma de pago, plazo de entrega y condiciones básicas. Con eso ya tienes mucho más que con un presupuesto aceptado por mensaje. Plataformas como Kurrex convierten automáticamente el presupuesto aceptado en un contrato firmado digitalmente.