Primero: documenta todo antes de actuar

Antes de hacer nada, reúne toda la evidencia que tengas: mensajes, correos, fotos del trabajo terminado, presupuesto aceptado, facturas emitidas. Cuanto más sólida sea tu documentación, más fácil será cualquier reclamación posterior. Si tienes contrato firmado, ya estás un paso por delante de la mayoría.

Contacto directo: claro pero profesional

El primer paso es contactar al cliente de forma directa y profesional. Un mensaje o llamada recordando la deuda y solicitando el pago en un plazo concreto (cinco días hábiles, por ejemplo). Sin agresividad, pero con firmeza. Muchos impagos se resuelven aquí: a veces es un descuido o un problema puntual de liquidez.

Segundo aviso formal por escrito

Si no hay respuesta al primer contacto, envía un aviso formal por escrito, ya sea por email o mensaje con captura, especificando el importe exacto, la fecha de vencimiento original y el nuevo plazo para pagar. Indica que si no recibes el pago en ese plazo, iniciarás acciones formales. Este documento puede ser relevante más adelante.

Burofax: la escalada más sencilla con valor legal

El burofax es un correo certificado con acuse de recibo y tiene valor legal probatorio. Demuestra que notificaste la deuda en una fecha concreta. No es caro (entre 15 y 30 euros en Correos) y es el paso que da seriedad al proceso. A partir de aquí, el cliente sabe que las cosas van en serio.

Mediación antes del juzgado

Antes de ir a juicio existe la mediación: un proceso más rápido, más barato y menos desgastante. Un tercero neutral ayuda a las dos partes a llegar a un acuerdo. Si trabajaste a través de Kurrex, la mediación ya está integrada en el flujo sin necesidad de buscar mediadores externos.

Proceso monitorio: recupera lo tuyo por vía judicial

Si todo lo anterior falla, el proceso monitorio es la vía judicial más accesible. Para deudas con documentación clara, no necesitas abogado si el importe es menor de 2.000 euros. El juez notifica al deudor y si no responde en 20 días hábiles, la deuda se convierte automáticamente en ejecutiva.

El impago es uno de los riesgos reales del trabajo autónomo. La clave es actuar pronto, documentar todo y escalar de forma ordenada. Con un contrato firmado desde el principio, cada paso de este proceso es mucho más fácil.