Primero, calcula tu coste real
Antes de poner un precio, necesitas saber cuánto te cuesta a ti hacer ese trabajo. Y no solo los materiales. También tu tiempo, los desplazamientos, las herramientas que se gastan, los seguros, los impuestos. Muchos autónomos calculan el material y se olvidan de todo lo demás. Ese «todo lo demás» es donde desaparece el margen.
El error del precio competitivo
«Cobro menos que la competencia para conseguir más clientes.» Es una trampa. Si cobras menos pero trabajas igual, estás subvencionando al cliente con tu tiempo y tu esfuerzo. Puedes tener la agenda llena y seguir sin ganar dinero decente. El precio competitivo tiene sentido cuando tienes un margen que lo aguanta. Si no lo tienes, solo te estás hundiendo más rápido.
Cómo estructurar un presupuesto sólido
Un buen presupuesto incluye materiales con margen de error (siempre suma un 10 o 15 por ciento), horas de trabajo a un precio que incluya tus costes fijos, desplazamientos y tiempo de gestión, imprevistos (al menos un 10 por ciento del total) y tu beneficio real, no lo que sobra después de todo lo demás. Ese último punto es el que más se olvida. El beneficio no es lo que queda: es lo que pones antes de empezar a restar.
Presupuesto vs contrato: no son lo mismo
Un presupuesto es una oferta. Un contrato es un acuerdo. Cuando el cliente acepta tu presupuesto sin firmar nada, la oferta sigue siendo tuya para cambiar. Con un contrato vinculante, las condiciones quedan fijadas: el precio, el alcance, los plazos. Eso también te protege si el cliente quiere añadir cosas «de regalo» a mitad del trabajo.
El anticipo: tu mejor aliado
Pedir un anticipo no es desconfiar del cliente, es profesionalismo. Te asegura que el trabajo está comprometido y cubre tus costes iniciales de material. En Kurrex el anticipo queda bloqueado en escrow desde el principio, así que ni tú ni el cliente podéis echarse atrás sin consecuencias. Eso da confianza a los dos.