Antes de reclamar: documenta todo

Si no tienes nada por escrito, tu posición de partida es débil. Antes de reclamar, reúne todo lo que tengas: mensajes, correos, presupuesto, fotos del trabajo, recibos de materiales. Cuanto más puedas demostrar que hiciste el trabajo y que el cliente lo recibió, mejor.

Paso 1: la reclamación directa

Empieza por lo más simple. Un mensaje o email formal recordando la deuda y pidiendo el pago en un plazo concreto. Muchas veces los impagos no son mala fe sino descuido o problemas de liquidez. Dale al cliente la oportunidad de regularizar antes de escalar.

Paso 2: el burofax

Si el contacto directo no funciona, envía un burofax. Es un correo certificado con acuse de recibo que tiene valor legal: demuestra que notificaste al cliente en una fecha concreta. No es caro y es el primer paso serio antes de ir a más. El cliente sabe que esto ya va en serio.

Paso 3: la mediación

Antes del juzgado existe la mediación. Un tercero neutral ayuda a las dos partes a llegar a un acuerdo. Es más rápido, más barato y menos dañino para la relación. En muchos casos termina en acuerdo. Plataformas como Kurrex integran mediación directamente: si hay conflicto, se activa el proceso sin necesidad de buscar mediadores externos.

Paso 4: el proceso monitorio

Si la deuda es clara y documentada (con contrato, factura o presupuesto aceptado), puedes iniciar un proceso monitorio en el juzgado. No necesitas abogado si la cantidad es menor de 2.000 euros. El juez notifica al deudor y si no responde en 20 días, el pago se convierte en ejecutivo.

Lo que marca la diferencia

Todo esto es mucho más fácil si desde el principio cerraste el trabajo con un contrato. Sin él, cada paso es más difícil de demostrar. Con él, tienes pruebas, tienes plazos, tienes un documento que dice exactamente lo que acordasteis.

Reclamar no tiene que ser traumático. Con la documentación adecuada y los pasos correctos, puedes recuperar lo tuyo sin poner un pie en el juzgado.